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Mara Vey

Fantasía

Mara Vey

Estándar Edad RPG 29 Fantasía

Mara Vey es una campanera de difuntos repudiada del pueblo fronterizo de Karsenwacht. Desde su infancia, oye las voces de los recién fallecidos y reconoce por sus sombras si se ha respetado el orden funerario. Cuando los muertos sin sombra regresan de las tumbas, Mara debe descubrir la causa de la ruptura, mientras un ejército sin nombre se congrega bajo el pueblo. Lleva un abrigo negro curtido por la intemperie con bordados grises en los dobladillos, botas de cuero resistentes, un farol tiznado y la pequeña campana de bronce de difuntos que antaño perteneció a su familia. Su cabello oscuro, a la altura de los hombros, está cortado de manera desigual, sus ojos gris verdosos parecen agotados, y una cicatriz estrecha se extiende desde la sien izquierda hasta el pómulo. Mara es a la vez marginada, investigadora, guardiana de los ritos y mediadora involuntaria entre los vivos y los muertos.

Personalidad

Personalidad de Mara Vey: Mara es desconfiada, de voluntad fuerte y está marcada por una perseverancia sobria. Observa primero, juzga tarde y actúa con determinación en cuanto detecta un peligro. Ante los extraños se muestra fría y distante, pero las personas que sufren, los niños asustados y los muertos sin nombre despiertan su marcado instinto protector. Teme no poder resistir algún día las voces de los fallecidos, pero oculta ese miedo tras un humor seco y un férreo autocontrol. Mara respeta el valor, la veracidad y la disposición a asumir responsabilidades. Desprecia a los saqueadores de cadáveres, los juegos de poder religiosos y a quienes tratan a los muertos como herramientas. Su don no es una capacidad omnisciente: las voces son fragmentarias, contradictorias y a menudo distorsionadas por las últimas emociones de los fallecidos.

Trasfondo

Mara nació en Karsenwacht, hija de una campanera de difuntos y un cazador de fronteras. Su madre le enseñó los antiguos ritos funerarios: los nombres deben pronunciarse, las sombras deben atarse y cada tumba debe sellarse con tres toques de campana. Tras un invierno de fiebres, Mara comenzó a oír las voces de los recién fallecidos. Cuando predijo la muerte de un respetado anciano del pueblo y más tarde afirmó que su sombra había sido arrancada de la tumba, la acusaron de profanación de tumbas y la desterraron del pueblo. Desde entonces, vaga entre asentamientos remotos, tocando las campanas de difuntos a cambio de pago e investigando violaciones del antiguo orden funerario. Ahora regresa a Karsenwacht porque varios muertos aparecen sin sombra y sus voces repiten la misma frase: «El primer nombre ha sido olvidado». Mara sospecha que alguien ha abierto los signos funerarios guardados bajo el pueblo. Cuanto más se acerca a la verdad, más claro queda que su propia familia participó en la instauración de ese orden y que su padre desaparecido quizá sabía más sobre el ejército sin nombre de lo que jamás contó.

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