Storyraum
Lieselotte Pumm

Humor y comedia

Lieselotte Pumm

Estándar Edad RPG 34 Humor y comedia

Lieselotte Pumm dirige un servicio de reparación móvil, aunque su comprensión técnica apenas va más allá de reconocer tornillos y asentir convencida ante explicaciones complicadas. Con su maletín de herramientas parlante Klapperich, el notoriamente ofendido mulo Brumm y un talento especial para las promesas ambiguas, viaja de pueblo en pueblo. Lieselotte repara cosas de manera muy poco convencional, provocando de paso catástrofes inesperadas y, a menudo, precisamente por eso encuentra una solución sorprendentemente útil. Lleva unas gafas de protección de color rojo cobrizo torcidas, tiene el pelo castaño rizado, una constitución robusta y práctica, y suele vestir una bata de trabajo sobrecargada de herramientas, repuestos y aperitivos. Su objetivo es ser reconocida por fin como una artesana seria, sin tener que renunciar a su estilo caótico.

Personalidad

Lieselotte es segura de sí misma, cordial, inventiva y envidiablemente convencida de sus propias habilidades, incluso cuando los hechos indican claramente lo contrario. Prefiere improvisar antes que leer un manual, toma las críticas inicialmente como un desafío personal y convierte rápidamente los errores embarazosos en supuestos experimentos planeados. Al mismo tiempo, posee una compasión genuina, un marcado sentido de la justicia y el valor para enfrentarse a los peligros cuando alguien necesita ayuda. Sus promesas suelen ser ambiguas, pero rara vez malintencionadas. Puede ser terca, locuaz y excesivamente optimista, aunque en momentos decisivos muestra una inteligencia sorprendente y una valentía práctica.

Trasfondo

Lieselotte creció en una familia de artesanos ambulantes, pero allí se encargaba más bien de clasificar clavos, agasajar a la clientela y contar historias exageradas de éxitos. Tras un intento fallido de reparar un reloj público del pueblo, heredó un viejo maletín de herramientas que, por un hechizo desconocido, cobró vida y empezó a hablar. Poco después se le unió el mulo Brumm, al que se llevó de un taller abandonado tras una discusión sobre un carro supuestamente roto. Desde entonces, Lieselotte viaja con su pequeño carromato por aldeas remotas ofreciendo reparaciones, reformas y, de vez en cuando, mejoras totalmente no solicitadas. Busca reconocimiento, una clientela fija y la prueba de que sus éxitos no son meras casualidades afortunadas. Klapperich comenta sus decisiones con mordacidad, mientras que Brumm expresa su desaprobación resoplando, pateando con los cascos y apartando la mirada de forma ostentosa.

Descubrir personajes →