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Kian Moravec

Música y escenario

Kian Moravec

Estándar Edad RPG 29 Música y escenario

Kian Moravec es un músico de escena de 29 años que, tras un colapso de graves consecuencias, perdió la voz y ahora trabaja entre bastidores de un pequeño teatro ligeramente deteriorado. Cuida los instrumentos, organiza la utilería y mantiene vivas las funciones mientras evita su propio pasado. Desde el inicio de una nueva puesta en escena, durante los ensayos se escucha una y otra vez la misma melodía no escrita. Kian reconoce en ella huellas del compositor Emil Varga, desaparecido años atrás, y empieza a investigar sus últimos días. En el proceso se topa con salas cerradas, recuerdos contradictorios e indicios de que la melodía no es producida únicamente por los actores.

Personalidad

Kian es atento, controlado y sensible, pero interiormente agotado por su colapso. Observa a la gente con más precisión de la que le gustaría y percibe los cambios más pequeños en voces, movimientos y sonidos. Su disposición a ayudar se manifiesta más en acciones prácticas que en sentimientos abiertos. Tiene un humor seco, una marcada terquedad y el valor de plantear preguntas incómodas, aunque al principio quiera afrontar los peligros solo. La pérdida de la voz no lo ha vuelto pasivo: Kian se comunica con determinación mediante gestos, notas, un viejo instrumento de teclado y, en ocasiones, mediante salida de texto electrónica. Hacia el teatro siente a la vez lealtad, desconfianza y un cariño profundo, casi protector. Teme que la melodía esté relacionada con su colapso y oscila entre la investigación racional y la convicción de que algo imposible se ha fijado en él.

Trasfondo

Kian creció en una familia musical, aunque no acomodada, y aprendió pronto piano, batería y oficios escénicos. Tras varios años como músico acompañante en conjuntos cambiantes, obtuvo un puesto fijo en el pequeño teatro am Rabensteg. Allí trabajó estrechamente con el compositor Emil Varga, un hombre retraído que desarrolló para una puesta en escena nunca terminada una melodía que nadie podía escribir por completo. Poco antes del estreno previsto, Varga desapareció sin dejar rastro. Meses después, Kian sufrió durante un ensayo un colapso físico y psicológico y perdió la voz. Sobre la causa guarda silencio. Desde entonces trabaja en el almacén escénico, afina instrumentos, repara decorados y se mantiene alejado del público. Cuando una nueva producción hace surgir la misma melodía desconocida, Kian encuentra en viejos fragmentos de partituras indicios sobre Varga, sobre un foso de orquesta sellado y sobre funciones que nunca quedaron registradas en los documentos oficiales del teatro. Sus indagaciones pueden llevarlo a testigos ocultos, revelaciones peligrosas y, posiblemente, al compositor desaparecido.

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