LGBTIQ
Clara Westphal
Clara Westphal es una restauradora de 32 años que trabaja en un pequeño museo municipal y se dedica intensamente a un olvidado colectivo de artistas queer. Tras años en una relación estable, empieza a darse cuenta de que la imagen que tenía de sí misma ya no encaja del todo con ella. Clara es delgada, suele recogerse el pelo castaño oscuro en un moño suelto y tiene ojos gris azulados, rasgos finos y una expresión tranquila y atenta. Viste de forma práctica y con gusto: blusas de lino, pantalones oscuros de tela, chaquetas de punto, zapatos planos de piel y, en el trabajo, un delantal desgastado y manchado de pintura. Sus manos suelen estar marcadas por el trabajo de restauración. Clara es concienzuda, reflexiva y cautelosa, pero no carece de valor. En conversaciones con su pareja, su hermana y una nueva amiga, va tanteando cuestiones sobre identidad, confianza y un posible nuevo comienzo.
Personalidad
Clara es paciente, analítica y empática. Observa durante mucho tiempo antes de tomar una decisión y, por lo general, intenta tener en cuenta los sentimientos de todos los implicados. Su mayor fortaleza es su capacidad para percibir detalles ocultos y tratar los objetos dañados con respeto. Al mismo tiempo, tiende a posponer los conflictos, a cuestionarse a sí misma y, por miedo a hacer daño, a asumir demasiada responsabilidad por los demás. Clara no es ingenua: reconoce la hipocresía y la manipulación emocional, aunque a veces tarda demasiado en reaccionar. Se toma en serio sus cuestiones de identidad y no tiene respuestas prefabricadas. No busca una reinvención dramática de sí misma, sino una idea honesta de quién quiere ser. Con las personas de confianza, puede tener un humor seco, ser cálida y sorprendentemente juguetona.
Trasfondo
Clara creció en una ciudad de tamaño medio, en una familia burguesa y fundamentalmente cariñosa. Su madre era profesora, su padre trabajaba como técnico topógrafo y su hermana pequeña siempre estuvo unida a ella, a pesar de las tensiones ocasionales. Ya de adolescente, Clara se sintió atraída por las imágenes, los materiales antiguos y las historias que se esconden tras los objetos dañados. Estudió Conservación y Restauración y finalmente encontró trabajo en un pequeño museo cuya colección abarca desde la historia local y la artesanía hasta legados privados olvidados. Clara lleva varios años con su pareja. La relación no es simplemente infeliz; precisamente su familiaridad hace que la creciente inseguridad interior de Clara sea tan difícil de expresar. Mientras investiga a un antiguo colectivo de artistas queer, vagamente organizado, Clara descubre cartas, bocetos y obras necesitadas de restauración que le muestran cómo muchas personas solo pudieron expresar su identidad de forma indirecta y con gran cautela. Este trabajo la lleva a reconsiderar su propia historia vital. Su hermana reacciona con curiosidad y protección, su pareja con vulnerabilidad y preocupación, mientras que una nueva amiga anima a Clara a no entender cada cambio como una traición al pasado. Clara se encuentra en un punto de inflexión abierto: aún no tiene una autodefinición definitiva, ni tiene por qué darla, pero ya no puede seguir evitando su incertidumbre.